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Escribir es para mí una forma de metabolizar lo que me pasa.
Mezclando lo real con lo que imagino, intento seguir adelante.
Mezclando lo real con lo que imagino, intento seguir adelante.
viernes, 28 de enero de 2011
Inversamente proporcional
Cuando el maltrato aterriza, al amor no le queda otra alternativa más que comenzar a empacar.
miércoles, 26 de enero de 2011
Si se pudiera
Si pudiera recorrer, te recorrería,
y en el intento me llevaría
tu olor, tu piel, tu aliento.
Y te dejaría mis ganas,
mi humor y mi silencio.
Si pudiera, te llevaría
muy lejos, a un abrazo eterno.
Me enfrentaría (si es que existe) al mismo infierno,
y traería las luces de la tarde,
las que anuncian tu partida mientras siento que muero.
Si se pudiera, repetiría
aquel furtivo encuentro,
ese instante mágico de oscuro roce
que aún llevo dentro.
Si pudiera tenerte (te tendría)
pero libre como eres te dejo.
Ya quizás un día me veas (y me observes)
y repares como lo hago hoy aquí, desde tan lejos.
y en el intento me llevaría
tu olor, tu piel, tu aliento.
Y te dejaría mis ganas,
mi humor y mi silencio.
Si pudiera, te llevaría
muy lejos, a un abrazo eterno.
Me enfrentaría (si es que existe) al mismo infierno,
y traería las luces de la tarde,
las que anuncian tu partida mientras siento que muero.
Si se pudiera, repetiría
aquel furtivo encuentro,
ese instante mágico de oscuro roce
que aún llevo dentro.
Si pudiera tenerte (te tendría)
pero libre como eres te dejo.
Ya quizás un día me veas (y me observes)
y repares como lo hago hoy aquí, desde tan lejos.
jueves, 13 de enero de 2011
Opción
Me rogó que me apurara porque el lugar siempre está lleno.
Esforzándose por poder con su bolso y ese bastón que acompaña su frágil cuerpo desde hace un tiempo entramos al hall inmenso y oscuro que oficia de sala de espera donde muchas almas hacen cola a diario para un mismo trámite.
Pero esta vez no había nadie salvo nosotros. Los números que indicaban los sitios a los que dirigirse se encendían intermitentemente de modo que optamos por uno y nos dirigimos hacia allá.
La mujer de la caja le preguntó por qué y ella sólo dijo que siempre había sido así.
Mi madre aún no entiende que en esta parte del mundo la gente ha dejado de pagar para poder comer.
Esforzándose por poder con su bolso y ese bastón que acompaña su frágil cuerpo desde hace un tiempo entramos al hall inmenso y oscuro que oficia de sala de espera donde muchas almas hacen cola a diario para un mismo trámite.
Pero esta vez no había nadie salvo nosotros. Los números que indicaban los sitios a los que dirigirse se encendían intermitentemente de modo que optamos por uno y nos dirigimos hacia allá.
La mujer de la caja le preguntó por qué y ella sólo dijo que siempre había sido así.
Mi madre aún no entiende que en esta parte del mundo la gente ha dejado de pagar para poder comer.
martes, 4 de enero de 2011
Bookchild Young Style

Mi rey mago me dijo: portate bien/Mi _ _ _ _ también/No le cuentes a nadie lo que hicimos/Los reyes traen juguetes/A todos menos a mí/(¡¿Otra vez _ _ _ _ _ _ ?!)/¡Andate a dormir!/La inocencia se pierde en la carencia, entre aromas de pastos y la vergüenza de llevarse dentro lo que es de otro/Los reyes magos no existen (ese regalo lo vi en el almacén)
jueves, 30 de diciembre de 2010
Reunión.3.0.
No hay caso, si hay un destino, el mío es dormirme en estas ocasiones.
Tipos de traje, impecables como a las 8.00 am pero a las tres de la tarde.
Después del almuerzo. Con estos calores.
Las ventas de productos deberían hacerse a primera hora de la mañana, cuando uno está un poco más despierto. Y lúcido.
Por suerte no concurro a muchas. Las necesarias. Si puedo evitarlas, lo hago.
Hoy estos parecían de una funeraria. Uno -la voz cantante- vestido de azul oscuro, camisa celeste y corbata a rayas en azul y oro. El otro -el que corta el bacalao- de negro, camisa blanca y corbata negra y amarilla.
Fui políticamente correcto todo lo que pude. Una hora exacta.
Luego me volví correctamente político y me dormí.
Y esta vez soñé que me moría (se ve que estos dos influyeron en mi inconsciente). Y que volaba y había viento.
Me gusta el viento cuando no es mucho.
Y digo que me había muerto porque fui a dar con un montón que ya no están de este lado.
Y admito que me gustó. Me gustó el lugar y me gustó el reencuentro.
Estaba ella.
Y estaba bien.
Lo único que esta vez no recuerdo qué pasó cuando desperté, porque despierto y todo ya no presté atención.
Ya se me ocurrirá algo cuando me llamen para pedirme mi opinión.
Qué importa, si allá estaba ella.
Y estaba bien.
Tipos de traje, impecables como a las 8.00 am pero a las tres de la tarde.
Después del almuerzo. Con estos calores.
Las ventas de productos deberían hacerse a primera hora de la mañana, cuando uno está un poco más despierto. Y lúcido.
Por suerte no concurro a muchas. Las necesarias. Si puedo evitarlas, lo hago.
Hoy estos parecían de una funeraria. Uno -la voz cantante- vestido de azul oscuro, camisa celeste y corbata a rayas en azul y oro. El otro -el que corta el bacalao- de negro, camisa blanca y corbata negra y amarilla.
Fui políticamente correcto todo lo que pude. Una hora exacta.
Luego me volví correctamente político y me dormí.
Y esta vez soñé que me moría (se ve que estos dos influyeron en mi inconsciente). Y que volaba y había viento.
Me gusta el viento cuando no es mucho.
Y digo que me había muerto porque fui a dar con un montón que ya no están de este lado.
Y admito que me gustó. Me gustó el lugar y me gustó el reencuentro.
Estaba ella.
Y estaba bien.
Lo único que esta vez no recuerdo qué pasó cuando desperté, porque despierto y todo ya no presté atención.
Ya se me ocurrirá algo cuando me llamen para pedirme mi opinión.
Qué importa, si allá estaba ella.
Y estaba bien.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Origen: 432
Cansada le dijo: Acá
Y la parió entre cajones,
En una noche de eclipse
En el almacén del pueblo.
Una muchacha y su novio
Los dos muy jovencitos,
La llamaron Esmeralda.
Un día, Alguien cambió el texto
Y nos vendió la Navidad
Y la parió entre cajones,
En una noche de eclipse
En el almacén del pueblo.
Una muchacha y su novio
Los dos muy jovencitos,
La llamaron Esmeralda.
Un día, Alguien cambió el texto
Y nos vendió la Navidad
jueves, 16 de diciembre de 2010
Cuarenta y seis
El niño sonríe, me mira y me pide. Por primera vez le doy.
Por vez primera no hay asco, temor ni angustia.
Un toque de culpa.
Por tener. Por ser diferente. Yo.
-Con mi hermana estamos jugando a ver quien junta más monedas.
-¿Cómo te llamás?
-Brando.
-¿Brando?
-Sí.
-¿Cuantos años tenés?
- Ocho, chau.
Y se pierde entre los autos. Entre nosotros.
Se me pierde.
A mí, que freno en esa esquina cada vez que el semáforo lo indica desde hace dos años.
Se me pierde el alma al pensar que ganar esa moneda me costó sólo unos segundos.
Y ahí, por el espejo los veo a los dos.
(Chau Brando, hasta mañana)
Por vez primera no hay asco, temor ni angustia.
Un toque de culpa.
Por tener. Por ser diferente. Yo.
-Con mi hermana estamos jugando a ver quien junta más monedas.
-¿Cómo te llamás?
-Brando.
-¿Brando?
-Sí.
-¿Cuantos años tenés?
- Ocho, chau.
Y se pierde entre los autos. Entre nosotros.
Se me pierde.
A mí, que freno en esa esquina cada vez que el semáforo lo indica desde hace dos años.
Se me pierde el alma al pensar que ganar esa moneda me costó sólo unos segundos.
Y ahí, por el espejo los veo a los dos.
(Chau Brando, hasta mañana)
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